¿Es bueno evitar el conflicto?

Resultado de imagen de conflicto
 
Pregunta:  ¿Han resuelto todos sus conflictos los equipos de alto rendimiento?
 
La respuesta es no. Claramente no. Pero sí que han logrado encontrar un camino, una vía para resolverlos de forma eficiente, sin consumo excesivo de tiempo o de energía y siempre orientando el resultado a la búsqueda de alternativas mejores.
 
Me explico.
 
El conflicto es inherente a la actividad humana. Suele decirse que donde hay dos personas existe al menos un conflicto (y por lo general varios o muchos). En realidad, no es preciso ni que existan dos personas. Con una basta. Todos tenemos conflictos internos y para ellos vale la misma teoría que voy a desgranar ahora.
 
Lo dicho: el conflicto va unido a la actividad humana y es inevitable. La diferencia entre un equipo normal y uno que podríamos llamar de alto rendimiento es que en el primero el conflicto se enquista, se enroca, se hace complejo y difícil de resolver si no es a base de dedicarle mucho tiempo, mucha energía y mucha atención lo que en definitiva nos resta posibilidades de atender otras prioridades del equipo y nos convierte en ineficientes y lentos. Mientras discutimos y nos curamos las heridas otros ya están llegando a la meta.
 
En los equipos de alto rendimiento esto no es así. El conflicto se asume, no se enquista, se le presta atención desde el primer momento, se le ataca de frente y siempre con optimismo, con la mirada puesta en la solución y no en el problema. Cuando se actúa así, no gastamos energías en interpretar lo que dicen (y lo que no dicen) las partes, no hay agendas ocultas, no se enroca ni se enquista y la solución es menos compleja y por lo tanto más fácil de ser encontrada. Además, en este contexto, las dos partes colaboran en la búsqueda de una solución en lugar de luchar la una contra la otra. Se buscan soluciones para ambas partes, no se busca tener razón.
 
Cuando esta tipo de actitudes se generalizan tenemos un equipo ágil que puede dedicarse a cosas relevantes mientras otros están todavía deshaciendo el ovillo de sus conflictos entrelazados.
 
Obviamente, para poder actuar de esta forma el equipo necesita haber trabajado previamente la confianza radical entre sus miembros pero es un tiempo y un esfuerzo en el que merece la pena invertir para agilizar los procesos subsiguientes.
 
Lo bueno, además, de afrontar los conflictos de esta forma, es que es una estrategia que se retroalimenta y que, cuantos más conflictos logramos resolver de esta forma, mayor confianza generamos, mayor optimismo surge y más creativos somos.
 
Y es que el conflicto no es ni una amenaza ni una tragedia. Es una realidad que bien trabajada nos permite avanzar y ser mejores, siempre y cuando no permitamos que se enquiste y nos haga perder el tiempo.

Comentarios

Entradas populares