La innovación es una actitud mental



A menudo, muy a menudo, caemos en el error de pensar que innovar es hacer grandes cambios, es operar con millones de euros en inversión, contar con los mejores investigadores del momento en cada ámbito y dedicar miles de horas a encontrar la solución que nos hará gritar ¡Eureka! como al tal Arquímedes.
Es cierto que 'la gran innovación' puede requerir de esas inversiones y todos esos recursos. No nos vayamos a engañar. Pero nada de todo eso puede ser útil ni servir para nada si previamente no tenemos  instalado en nuestro sistema operativo mental la orientación a la innovación.
¿Qué que es eso? Es estar atento a la realidad, es observar lo que ocurre, ser crítico, no aceptar las cosas como son o han sido siempre, querer mejorar esa realidad y cambiar el mundo. Si aceptas ese reto, todo lo que te envuelve cada día puede ser una oportunidad de innovar y mejorar la vida de las personas.
A Arquímedes me remito de nuevo. Si no hubiera estado atento al nivel del agua en su bañera tal vez aun no tendríamos su famoso principio.
O a Newton, aunque creo que es falsa la referencia a la manzana que al caer de un árbol le hizo empezara vislumbrar la teoría de la gravedad.  Las manzanas han caído desde siempre de los árboles pero hacia falta un Newton observando para aprovechar esta observación y cambiar nuestra forma de comprender el mundo.
No me considero particularmente innovador pero observar el mundo y pensar en las innumerables oportunidades que nos ofrece de mejorar y de cambiarlo hace que mi día a día sea mucho más rico e interesante que si me limitara a pasar como si tal cosa.
Pruébalo. Al menos en mi caso resulta adictivo.

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