No hay éxito sin felicidad

 Resultado de imagen de querer saber poder

No persigas un trabajo de gran prestigio: 
busca el trabajo que se adapte a ti, 
en el que puedas ser tú mismo y 
donde tus posibles defectos 
no te causen problemas: 
Si no  eres tú, serás infeliz
 y, por esa misma razón, 
probablemente no vayas 
ser muy bueno en eso. 


Ikigai en toda regla. Ya había hace tiempo publicado algo sobre este tema (ver entrada) pero es que me preocupa el grado de desorientación que hay en la sociedad en general. Me preocupa lo obnubilados que estamos por la fama, el dinero, el lujo y los falsos éxitos y lo poco que nos preocupamos de conocernos mejor e intentar ser un poco más felices. 

Jamás - jamás de los jamases - triunfarás en algo que sea 'importante' pero para lo que no hayas sido llamado. O te apasiona hacerlo, sabes hacerlo y quieres hacerlo y tienes los recursos o puedes conseguirlos o jamás alcanzarás ese éxito soñado. 

O - casi peor - si lo logras, será a costa de un desgaste sobrehumano del que te será imposible recuperarte. 

La receta para superar esta situación puede ser un simple 'zapatero a tus zapatos'. Todos tenemos alguna competencia, alguna habilidad en la que somos buenos, una capacidad que podemos trabajar y desarrollar - siempre con constancia, esfuerzo y resiliencia, nunca es gratis - hasta llegar a ser extraordinarios. Da igual si es invirtiendo en bolsa, dedicándonos a la política, a la farándula o haciendo pizzas... seguro que hay algo. 

Lo importante, como refleja el Ikigai japonés es encontrar aquello que sabes hacer, quieres hacer y puedes hacer. Si se cumplen los tres requisitos, encontrarás siempre tiempo para mejorar, encontrarás siempre un reto que superar, encontrarás ilusión y entusiasmo para emprender y arriesgar. 

Relaciono esta frase con otra de Ferrán Adriá que también comento con frecuencia: 'No busques el éxito. Busca la felicidad'. Curiosamente, cuando la buscas, lo encuentras. Es mágico. 

Leí el otro día un cuento en el que unos dioses (ciertamente algo perversos) querían esconder la felicidad a los humanos y no sabían si hacerlo en el fondo del mar, en una alta montaña o en un desierto. Finalmente, el más sabio de todos ellos encontró la solución a su problema: esconderla en el interior de cada uno de nosotros. 'De esta forma, nunca la encontrarán' fue su dramática conclusión. 

Seguro que si antes de ponernos a andar buscamos en nuestro interior encontramos nuestra ruta hacia la felicidad. No conozco personas de más éxito que aquellas que se olvidan de él y son felices haciendo lo que hacen. 



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