Consecuencias de la inequidad retributiva

Resultado de imagen de monos capuchinos en laboratorio



Que el tema de la motivación laboral no es fácil lo sabemos todos. Lo sabemos por propia experiencia como empleados y lo sabemos como parte de la organización. Desde el momento en el que debemos retribuir a alguien por hacer un trabajo asumimos implícitamente que voluntariamente no lo haría y que requiere de esa compensación extrínseca para levantarse por las mañanas. 

Si ya es difícil de por sí establecer la justa compensación por un trabajo, más lo es acabar de cuadrar el círculo manteniendo la equidad externa y la equidad interna. Con la externa, si nos pasamos, no somos competitivos; si nos quedamos cortos se nos van (los buenos, los otros se quedan) o no somos capaces de atraerlos ya de buen principio. Con la inequidad interna, la injusticia está servida y surge un clima inadecuado y comportamientos no alineados.

Podemos ver muy gráficamente en este vídeo lo que experimenta 'un trabajador' cuando se ve injustamente recompensado: 




Se dice que compartimos con monos y chimpacés un muy alto porcentaje de nuestro ADN. Ahora, además, sabemos que también compartimos las mismas sensaciones cuando nos vemos injustamente tratados. 

Desgraciadamente es difícil acertar siempre con la justa compensación aun intentándolo de forma objetiva y justa. Si además tenemos en cuenta los sesgos perceptivos de cada no sobrevalorando las propias contribuciones al resultado o infravalorando las de los demás, el problema está servido.


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