La fábrica del futuro

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Cuenta Rutger Bregman en su libro 'Utopía para realistas' un típico chiste de economistas: 'La fábrica del futuro solo tendrá dos trabajadores: Un hombre y un perro. El hombre para dar de comer al perro y el perro para vigilar que el hombre no toque los equipamientos'. 

No sé, como siempre, si llegará a este extremo ni si tardará mucho o poco en llegar esta realidad. Pero llegar, de una forma u otra, llegará y llegará mucho antes de lo que podamos pensar. De hecho está viniendo a pasos agigantados y está mucho más cerca de lo que creíamos. 

Una de las aportaciones interesantes de esta - llamémosle - reflexión es que no nos dice que vayan a ser substituidos por máquinas todos los puestos manuales y de menor cualificación sino que advierte que serán todos los que desaparezcan: tanto el empleado de planta como la estructura de coordinación y mando como la alta dirección. Aquí solo queda el puesto para alimentar al perro y asumo que tiene los días contados. 

Cuando algunos pensamos que hay muchos CEOs en las organizaciones que carecen de corazón y funcionan como un algoritmo, descubrimos que hay organizaciones y fondos de inversión que ya tienen un algoritmo funcionando como CEO. Y de corazón el algoritmo no debe ir muy sobrado. 

¿Debe asustarnos este futuro? Soy de los que creo que no. Que la humanidad, pese a sus errores y limitaciones, ha sabido ir superando ocasión tras ocasión las dificultades que estos avances han ido planteando y no sin errores, va encontrando su encaje en la construcción del futuro. 

¿Dónde queda la aportación humana en este futuro? Curiosamente, una vez las máquinas nos hayan superado en muchos de los frentes intelectuales en los que hoy por hoy aun tenemos cierta ventaja, lo que marcará la diferencia y lo que nos deberá mantener con esa ventaja serán nuestros atributos más humanos, aquellos más relacionados con el corazón que con el cerebro.  

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