Liderazgo humilde, liderazgo de servicio.

Caminamos hacia una revolución en liderazgo, en el que pasaremos de un liderazgo unipersonal y tradicional (y a veces paternalista), a un liderazgo colaborativo e interdisciplinar. 
Margarita Mayo

Se ha terminado la era en la que era posible gestionar una gran organización situándose en la cúspide de una inmensa pirámide. Estas estructuras del pasado estaban perfectamente adaptadas para mantener el orden en contextos muy estables en los que el éxito del modelo era saber hacer las cosas con la máxima eficiencia. 

Ahora ese mundo estático ya no existe y ha prometido no volver por lo que mantener las cosas inamovibles y sostener entretanto una inmensa estructura que garantice los procedimientos internos ya no es una opción. Al contrario, mantenerlas es una garantía de fracaso absoluto. 

En el contexto actual y con seguridad en el futuro, es preciso disponer de estructuras mucho más ligeras y adaptables, ya no es tan importante la eficiencia como la capacidad de adaptación a nuevas circunstancias, saber encontrar las ventajas competitivas antes que los demás y ser capaces de adaptarse con rapidez antes que los demás. 

Este cambio de paradigma obliga a su vez a cambiar el estilo de liderazgo. No podemos depender ya de una visión estratégica estable y de unos procedimientos construidos para la toma de decisiones con visión jerárquica y controladora. Necesitamos un liderazgo distribuido, colaborativo, multidisciplinar, basado en la confianza y una comunicación fluida entre todos aquellos que deben tomar decisiones relevantes de forma ágil y en contextos de incertidumbre crecientes. 

Y ese cambio de estilos de liderazgo requerirá, a su vez, que los desarrollemos de forma diferente a como venimos haciéndolo en las organizaciones. Ello implica que las estrategias de gestión del talento deben ir orientadas a gestionar el autoconocimiento, a fomentar un liderazgo autocrítico, capaz de identificar sus propias limitaciones y saber buscar la ayuda necesaria en cualquier parte, capaz de expresarse con humildad y saber gestionar estas situaciones. 

Necesitaremos líderes en todos los niveles de la organización y una toma de decisiones distribuida, basada en la confianza, en valores compartidos y en el compromiso de todas las personas con el resto del equipo: Emotional management en toda regla. 



En definitiva vamos a necesitar un liderazgo humilde, que esté al servicio de las personas de las que es responsable, más centrado en su desarrollo y menos centrado en las tareas y el control y la planificación, más capaz de escuchar y capacitar que de dar ordenes o repartir soluciones personales. 


Un líder auténtico es optimista,
resiliente, empatiza con sus empleados,
comparte información, lidera
con el ejemplo y construye una comunidad
en la que cuidan de los demás
y se tiene una visión a largo plazo,
con lo que puede formar un equipo
también auténtico y que comparte
los mismos valores.

Margarita Mayo

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