Presta atención a la persona que tienes a tu lado



Photo by Kristina Litvjak on Unsplash

Hace unos días me hicieron darme cuenta de un hecho: de lo trivializado que está el darse la mano. 

Ciertamente, ofrecemos nuestras manos a los demás sin prestarle demasiada atención a este importante acto de relación social y con ello le hacemos perder el alto valor que tiene. Se la ofrecemos a desconocidos, se la ofrecemos sin pensar, no observamos sus reacciones, no nos miramos ni a los ojos ni con atención. no las retenemos el tiempo suficiente para hacerlo con consciencia. 

Supongo que podemos acabar pareciendo raros si empezamos a retener las manos de las demás personas más allá del tiempo socialmente aceptado y si lo hacemos sin disimular una intensa mirada, directa a los ojos. Pero de ahí a no prestarle atención a este acto social que debería ser tan significativo, va un mundo. 

En oriente, incluso las tarjetas personales se trataban con el máximo respeto y cuidado mientras que en occidente nos limitábamos a guardarlas en nuestra cartera. Ahora ya, nos pasamos un contacto por Linkedin. 

Eso me lleva a la otra cuestión: De la misma manera que no prestamos atención a este acto, tampoco prestamos atención a las personas que están a nuestro alrededor. Las oímos pero nos las escuchamos, las miramos pero no las vemos, no nos implicamos de verdad en sus pensamientos ni en sus emociones. Solo hace falta ver como nos solemos dar los buenos días. A veces soltamos un automático '¿Que tal?' sin esperar siquiera a la respuesta. Es más,  a veces hasta nos incomoda recibirla, como si no tuviéramos ya nosotros suficientes problemas. 

Y sin embargo, con esta actitud, nos perdemos infinidad de oportunidades de conocer y de construir verdaderas relaciones poderosas. 

Todas las personas son un mundo, un mundo importante, 
interesante, fascinante y que está por descubrir. 

Recientemente me di - o surgió - la oportunidad de hablar - y sobretodo escuchar - a una persona que conocía - perdón, que creía conocer - desde hace años. Y lo que descubrí es alguien absolutamente distinto: brillante, con recursos, valiente, entusiasta, fascinante, ... 

Toda una lección. Debemos prestar mucha más atención a las personas que están a nuestro alrededor, escucharlas de verdad, con el corazón, buscar tiempos y espacios para hacer estos descubrimientos como quien va a un mercadillo de paseo sin buscar nada pero abierto a todo lo que pueda llegar. 

Y a la hora de dar las mano... ser conscientes de lo que hacemos y valorar lo que significa en su justa medida.  

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