Al final son las personas

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Lo que hizo grandes a reconocidos líderes de la historia no fue su estrategia o su estilo, sino los cambios que aportaron al mundo y a la vida de las personas.
Gianpietro Petriglieri

Al final son las personas. Nada tiene sentido si al final no revierte en las personas, las de carne y hueso que decía Unamuno, las que duermen y sueñan, las que comen y aman y ríen y sienten y lloran. Sin tener en la mente y en el corazón a estas personas no hay liderazgo que merezca la pena. No hay cambio social que merezca ser emprendido, no hay beneficio en el esfuerzo. Sin eso, nada tiene sentido. 

No ha habido a lo largo de la historia peores momentos que aquellos en los que en nombre de un ideal o de un beneficio colectivo, se han denigrado y menospreciado los libertades de los individuos. Huyo - siempre lo he hecho - de líderes y proyectos en los que no somos capaces de personificar, de materializar en uno o más individuos, los beneficios de acometerlos con éxito. 

Nada que no tenga como fin último mejorar la vida de las personas merece ser emprendido. Nada. 

Y eso es válido también a la hora de liderar un equipo de trabajo: Si como líder o responsable de personas no te ocupas del crecimiento y del desarrollo de tu gente, de sus expectativas y de su mejora, de su capacitación, no pretendas que te entreguen su esfuerzo y su entusiasmo más allá de lo estrictamente necesario. Y nada relevante se ha grado nunca sin entregar ilusión, energía, pasión y ganas.  

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