Mirada apreciativa y efecto Pigmalion


El liderazgo no deja de ser un acto de amor. 

Cathy Paredes


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Creo que a estas alturas todos sabemos lo que son el efecto Pigmalión, la mirada apreciativa pero buscando unos datos que me faltaban para terminar esta entrada, he dado con la descripción que Ovidio hizo en su obra La Metamorfosis sobre el momento en que Galatea cobró vida al contacto con Pigmalion: 

Pigmalión se dirigió a la estatua y, al tocarla, le pareció que estaba caliente, que el marfil se ablandaba y que, deponiendo su dureza, cedía a los dedos suavemente, como la cera del monte Himeto se ablanda a los rayos del Sol y se deja manejar con los dedos, tomando varias figuras y haciéndose más dócil y blanda con el manejo. Al verlo, Pigmalión se llena de un gran gozo mezclado de temor, creyendo que se engañaba. Volvió a tocar la estatua otra vez y se cercioró de que era un cuerpo flexible y que las venas daban sus pulsaciones al explorarlas con los dedos.
Sin duda la descripción de Ovidio refleja el momento culminante de la transformación (de la metamosfosis) de una persona de la mano de otra que ha puesto todo su esfuerzo, toda su pasión y sobretodo todo su amor para alcanzar este momento. 

Cuando crees en alguien, cuando confías en sus capacidades y refuerzas sus fortalezas, le acompañas, le apoyas en los momentos de decaimiento y le ayudas a levantarse una y otra vez hasta que, poco a poco, ves que cada vez se cae menos, que cada vez necesita menos tu ayuda, que cada vez es más autónomo y es capaz de hacer cosas extraordinarias, las experiencias y las sensaciones son las mismas que relata Ovidio: 

1. Te acercas a la persona y, de repente, por un momento, percibes un ligero brillo en su mirada, una energía en forma de seguridad o de valor o de aceptación del reto. No sabes muy bien qué es pero sabes que ayer esa mirada y esa energía no estaban ahí pero que tras tus esfuerzos, ese brote ha surgido por fin. 
2. De repente esa persona que has ido moldeando con tus manos y con tus dedos cobra vida y empieza a tomar decisiones de forma autónoma, se hace dueña de sus actos, toma consciencia de su voluntad y de que tiene que hacer cosas para que las cosas sucedan como ella quiere. En definitiva, empieza a responsabilizarse de su futuro. 
3. En ese momento, el Pigmalion sorprendido - igual que el de Ovidio - se llena de gozo y disfruta del esperado momento. 
Y es esa mirada apreciativa la que hace cambiar a las personas y descubrir las mejores de sí mismos.

Por eso el liderazgo, esa capacidad de influir para hacer de personas ordinarias seres extraordinarios es, ante todo, un acto de amor.

Confía en tu gente. Confía en tu equipo. Demuéstrales siempre que pueden ser mejores y que pueden contar contigo para hacer ese viaje.








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