La grandeza de influir e inspirar





Hoy despido profesionalmente hablando a una de las personas que más ha influido en mi a lo largo de los años. Se cuentan con los dedos de una mano y casi todas las anteriores cambiaron mi vida cuando aun era un niño o un adolescente

Hablo mucho de liderazgo y de gestión de equipos (creo que a veces hablo mucho y demasiado). Y cuando lo hago hablo del verbo fundamental en el arte de dirigir personas: influir. Pero... ¿qué es influir?... o mejor dicho... ¿Cómo se hace? 

Aquí unos dos o tres conceptos relevantes. El primero es que para influir en alguien hay que devenir primero una persona de referencia para él, alguien que actúe de faro o de linterna y que como un coach nos enseñe el camino que debemos recorrer, que nos ilumine. Y eso se hace desde la confianza, aportando seguridad, dando autonomía, reconocimiento... (modelo SCARF en plena regla). Pero antes de que surja esta confianza (que hay que ganarse, por supuesto) es precisa una mirada apreciativa que transmita esa confianza. En la persona de la que hablo, ésta nunca me ha faltado. 

Pero con amor y confianza no basta. Ahí viene el segundo concepto: las palancas del liderazgo. básicamente las reduzco a dos: el ejemplo y la palabra (impagable en este sentido la entrevista con el presidente en la película Invictus sobre Nelson Mandela). la palabra transmite mensajes y puede llegar a los corazones pero es el ejemplo el que nos da la energía y la ilusión para ponernos en marcha. Una vez más, en la persona de la que hablo, esto nunca ha faltado. muy al contrario, ha sido contagioso. 

Y el tercer concepto... los golpecitos. Dirigimos a golpecitos, como ya escribí una vez. No dirigimos (al menos cuando dirigimos bien) dando empujones y ordenando a los demás que hagan lo que queremos que hagan. Eso es mandar. dirigimos cuando les ayudamos a encontrar el camino con pequeños impulsos y observaciones que orientan su mirada y dirigen su atención, sin imposiciones. De eso en coaching se ha estudiado mucho. Y como no podía ser de otra forma, de la persona de la que hablo nunca me han faltado conversaciones poderosas, palabras amables que te hacía ver aquello que se te escapaba a la mirada. Impulsivo que es uno, siempre me han venido bien las reflexiones de una mirada alternativa. 

En definitiva, llego a la convicción - tal vez erronea pero no deja de ser una convicción - que hay un grado máximo, un nivel de excelencia, en esto de influir que es inspirar. Y las personas que marcan la diferencia - como la que hoy me ocupa - me inspiran a ser mejor persona de lo que soy. Y eso las hace grandes. 

Seguro que podría continuar y encontrar miles de matices más que hacen de esta persona una persona valiosa, una persona de transición en términos de Stephen Covey, que cambia su entorno a cada paso y que lo hace porque actúa de acuerdo a unos valores y a unas creencias a las que es fiel hasta el final. 

Aunque sé que siempre estará cerca... echaré en falta a esta persona. 

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